Pasión al borde del infarto

   Todos los sábados son iguales para mí: expectativa, nervios, angustia e impotencia. Hace rato que no puedo ver un partido de fútbol tranquila. El sentarme a disfrutar dos horas de espectáculo futbolístico es una utopía para mí.

   Ayer fue un día como cualquier otro y los sentimientos no habían cambiado demasiado. Pero a las cinco de la tarde la neblina se disipó y se alivianó un gran peso que llevaba en los hombros durante 363 días: River volvió a Primera y salió campeón. Y sí, lo pongo en ese orden porque mucho importa lo primero y poco lo segundo.

   El llanto desahogante llegó en el segundo gol de Trezeguet, minutos después del penal errado, que no influyó mucho en mi ánimo, y se extendió más allá del final del partido. Nadie esperaba menos de una sensible incontrolable como yo.

   El descargo de la gente se hizo notar. Abundaron las dedicatorias a vecinos, hinchas y ex jugadores contrarios que tiraron mala leche desde el día uno. Yo no me quedé atrás, me acordé de todos ellos y más. Me banqué todas sus alegrías, así que ahora sufran la nuestra (escúchese risa malévola aquí).

   Lo más divertido de la noche fueron los afiches a favor y en contra de River. En las redes sociales se desató una competencia que me hizo descostillar de la risa: «El regreso de los muertos vivos», decía una; «Abran paso, vuelve el más grande», rezaba otra. Aunque he leído algunos muy hirientes, al menos predominó la gastada.

   Fue casi un año de agonía, e igualmente salimos adelante. Que digan lo que quieran, River volvió a Primera y eso es todo. Sé que del ridículo no se vuelve y muchos se van a acordar de esto, evento que -odio decirlo- va a quedar en la historia. Sin embargo yo recuerdo otra muy significativa, la de un ave que resurgió de sus propias cenizas.

   Agradezco los esfuerzos de los que seguimos a River en las buenas y en las malas, y más la de los que nos pusieron piedras en el camino (ellos saben bien quiénes son), por ellos bajamos y por ellos volvimos.

   Al equipo y al cuerpo técnico les dejo un párrafo aparte. Lo que han tenido que soportar fue increíble, por eso me saco el sombrero ante ustedes y les pido disculpas por los exabruptos, cuando la pasión corre por las venas, las emociones están a flor de piel.

  ¡¡Ay, fútbol. Lo que me hacés sufrir pero igual te quiero!!

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