Etiqueta: sensaciones

  • Fin de ciclo (o de temporada)

    Fin de ciclo (o de temporada)

    Aclaración: Este post lo escribí a las dos de la mañana de esta madrugada de viernes después de un ataque de insomnio por ver un final de temporada (no seré tan específica, pero en mi perfil de Twitter se darán cuenta de qué hablo).

    The End

    Ya está, ya pasó. No me queda nada más por ver. Después de largos, y gustosos, meses de ver capítulos, ya se me terminaron las temporadas. Y como pasa habitualmente, me queda un sentimiento de vacío, común en estas épocas.

    Aparte de esta sensación, después de ver un final de temporada pueden pasar dos cosas, dependiendo de dicho final: si termina bien, uno puede dormir más tranquilo; pero si no, ahí los quiero ver. Lo bueno de ese último momento es que todo está permitido: putear (a los personajes y a los escritores), patalear y llorar (desde un poquito o hasta pensar que estamos viendo Diario de Una Pasión, como me acaba de pasar a mí).

    No es fácil para los seriéfilos como yo esperar de mayo hasta septiembre (u octubre, dependiendo del programa y el canal). Son cinco meses de expectativa, de morderse las uñas, de rezar porque ese personaje no se haya muerto y de mirar una y otra vez (y otra vez) todos los capítulos y los momentos más significativos, todo eso para calmar la ansiedad.

    Pero no hay que desesperarse: septiembre, u octubre, siempre llegan. Y después todo vuelve a empezar. Es un círculo vicioso, una montaña rusa de la que nunca me quiero bajar.

    Disfruten de uno de los recorridos más bellos que conozco… Ver series.

    Hasta la próxima…
    Firma PAULA

  • Pasión al borde del infarto

    Pasión al borde del infarto

       Todos los sábados son iguales para mí: expectativa, nervios, angustia e impotencia. Hace rato que no puedo ver un partido de fútbol tranquila. El sentarme a disfrutar dos horas de espectáculo futbolístico es una utopía para mí.

       Ayer fue un día como cualquier otro y los sentimientos no habían cambiado demasiado. Pero a las cinco de la tarde la neblina se disipó y se alivianó un gran peso que llevaba en los hombros durante 363 días: River volvió a Primera y salió campeón. Y sí, lo pongo en ese orden porque mucho importa lo primero y poco lo segundo.

       El llanto desahogante llegó en el segundo gol de Trezeguet, minutos después del penal errado, que no influyó mucho en mi ánimo, y se extendió más allá del final del partido. Nadie esperaba menos de una sensible incontrolable como yo.

       El descargo de la gente se hizo notar. Abundaron las dedicatorias a vecinos, hinchas y ex jugadores contrarios que tiraron mala leche desde el día uno. Yo no me quedé atrás, me acordé de todos ellos y más. Me banqué todas sus alegrías, así que ahora sufran la nuestra (escúchese risa malévola aquí).

       Lo más divertido de la noche fueron los afiches a favor y en contra de River. En las redes sociales se desató una competencia que me hizo descostillar de la risa: «El regreso de los muertos vivos», decía una; «Abran paso, vuelve el más grande», rezaba otra. Aunque he leído algunos muy hirientes, al menos predominó la gastada.

       Fue casi un año de agonía, e igualmente salimos adelante. Que digan lo que quieran, River volvió a Primera y eso es todo. Sé que del ridículo no se vuelve y muchos se van a acordar de esto, evento que -odio decirlo- va a quedar en la historia. Sin embargo yo recuerdo otra muy significativa, la de un ave que resurgió de sus propias cenizas.

       Agradezco los esfuerzos de los que seguimos a River en las buenas y en las malas, y más la de los que nos pusieron piedras en el camino (ellos saben bien quiénes son), por ellos bajamos y por ellos volvimos.

       Al equipo y al cuerpo técnico les dejo un párrafo aparte. Lo que han tenido que soportar fue increíble, por eso me saco el sombrero ante ustedes y les pido disculpas por los exabruptos, cuando la pasión corre por las venas, las emociones están a flor de piel.

      ¡¡Ay, fútbol. Lo que me hacés sufrir pero igual te quiero!!