Me gusta desconectarme cuando llego de la facultad, sentarme en el sillón a ver una película o una serie y disfrutar lo que queda de la noche para arrancar de nuevo a la mañana siguiente. Por una de esas casualidades ayer abrí Twitter a las 22 horas y leo: «Murió Juan Alberto Badía». Dos segundos después la noticia fue desmentida por una fuente bastante confiable: la sobrina del conductor.
Cuando se difunden este tipo de sucesos, ¿no pensaron en preguntarle a ella primero? La regla número uno que te dicen los profesores cuando empezás a cursar en cualquier escuela de periodismo es que siempre hay que chequear los datos con tres distintas fuentes. Todos mis compañeros son testigos de esto. ¿Cómo puede ser que nadie le haya prestado atención? Lo de anoche fue una vergüenza periodística. Espero que muchos aprendamos de ese error.
El sentimiento de esta mañana fue peor porque esta vez no era mentira. Cuando un famoso tan querido como Juan Alberto hace pública su lucha contra el cáncer, no sorprende saber esta noticia, pero a la vez no querés que pase. Luchás con tus propios medios para que no ocurra, armás cadenas de oración o pedís fuerza a través de todas las redes sociales que se te crucen por el camino. Pero las cosas ocurren igual y te queda esa sensación amarga que acongoja y te sensibiliza.
Estamos a más de mitad de año y cuántas veces nos pasó lo mismo: Spinetta, Estela Raval, Adrián Otero, y más. Hace unos meses Alejandro Lerner dijo en el programa Soñando por Cantar: «Dios, qué banda que te estás armando en el cielo». Hoy Dios encontró a su conductor perfecto. Honestamente, en este momento no puedo sacarme la imagen de la cabeza: Lennon y Harrison sentados en una nube compartiendo anécdotas con Badía. Se me llenan los ojos de lágrimas con solo pensarlo.
Gallina de alma, conductor nato, locutor de corazón, beatlero como nadie y, encima de todo, una gran persona. La buena onda que le ponía a todo lo que hacía es indescriptible. Su profesionalismo es y será un ejemplo para futuras generaciones de periodistas. Comparto con muchas personas que escribieron que en el medio se necesitan más como Badía. Todo sería muy diferente.
Quiero terminar esta nota con algo que escribió mi hermano, quien creo que está más capacitado para despedirlo que yo: «Por los musicales de Badia & Cia, por los gags con Lambetain, por Imagen de Radio, por luchar siempre por nuestra musica y por sobre todo por tu buena onda cada vez que te cruzábamos en el palco o en el estacionamiento de River… GRACIAS!»
Hasta siempre, Capitán Beto…

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